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Ganchilleras y Tejedoras

Llevaba años observando las labores de mi querida abuela, que ya marchó hace ahora 13 años…me hubiese gustado recibir el legado de las bellas obras de arte que hacía con sus manos a través del ganchillo…Recuerdo horas de incalculable trabajo, sentada frente a la tele, teniendo a ésta, como testigo de su virtud! En aquel entonces, yo me preguntaba, el porqué mi abuela se tiraba tantas horas metida en esas colchas infinitas, de infinitos patrones singulares y complejos. Los tiempos habían cambiado, y ya la transmisión de éstas grandezas, se iba perdiendo lentamente…yo, siempre curiosa de todo lo artesanal, me sentaba a su lado y observaba. Un día tímidamente le pregunté si podía enseñarme a ganchillear…por algún motivo que nunca sabré, me dijo que era muy difícil y que yo tenía que tener mucha paciencia..y ahí me dejó, supongo que se refería a las horas de dedicación que sin duda como chica en la flor de la vida en la que me encontraba, no iba a pasar  por todas esas horas de intención…

Está claro que pudo comenzar por el principio, pero deduzco que lo consideró en lo más profundo de ella misma, como una pérdida de tiempo, ya que cuando sabes que se van perdiendo, o se han perdido dichos legados, tu misma decides cortar la transmisión…Es así!! ahora lo comprendo!

Cuando llegó mi hija al mundo yo tenía 35 años. La vida me puso en una tesitura curiosa, y me llevó a vivir casi cinco años en una aldea del pirineo aragonés, con un total de cinco personas viviendo. Y ahí llegó mi arquetipo de la “mujer silencio” antes de lo establecido…Había venido una crisis económica y apenas se generaba ganancia de nada, además como madre soltera, no tenía mucha escapatoria a la hora de elegir, si cuidar a mi hija o irme a trabajar…por lo tanto, opté por una vida muy precaria, con gastos mínimos e intensa crianza….Las horas en el corazón de las montañas son eternas en comparación a las de las ciudades, y sobraba tiempo por todos los lados…

Un día cuando bajé al consiguiente pueblo más grande del alrededor, vi un cartel de una chica que tenía un espacio donde enseñaban ganchillo, costura etc.. No lo dudé, y visité éste lugar y pasé allí unos tres meses a un día por semana. Lo sorprendente es que cuando la chica me empezó a enseñar, capté todo de una manera muy rápida y en poquísimo tiempo me vi haciendo cosas imposibles…pensé en las horas de observación junto a mi abuela, y me dí cuenta, que únicamente de haber estado a su lado,  había aprendido, había sido capaz de trasmitirme ese arte aun sin contármelo….

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Las tejedoras tribales, o de sudamérica o de otras etnias, están muy de moda ahora!..hacen bellísimos trabajos por supuesto! y están muy conectadas  a esa sabiduría..pero, no son ni más ni menos que lo mismo que fueron nuestras abuelas..solo que el medio del hábitat, es lo que ha transformado o llevado abajo la pérdida de la cultura de las ganchilleras.

Muchas de éstas mujeres indígenas, viven todavía en la ruralidad, donde la vida de campo, montaña o cualquier otro entorno que no sea  la gran ciudad, permite la continuación de dichos legados artesanales.

Nuestra frenética vida, y fuera de la comunidad, hace que ésta labor sea completamente imposible de realizarse, y quede relegada a momentos de la vejez, o bien como fue mi caso, donde el tiempo me fue concedido..

Mi hija, ha comenzado a interesarse por ésta herencia, tenemos varias cosas hechas en casa, que aunque ella era muy pequeña cuando yo las hacía, todavía me recuerda a la perfección haciendo las. En éstos momentos, no vivo en la frenética ciudad, pero si cerca de ella, y casi por igual, el tiempo está más limitado, así que el otro día, mientras ella me pedía que le enseñara a hacer algo, con un ovillo que había encontrado, yo me limité al igual que mi abuela, a desviar la intención…y finalmente la envié a mi propia madre, que aprendió de su madre, pero que dice no recordar nada….¿ parece triste? pues así es, no hay tiempo, y eso es lo que más transmitimos….incluso aunque se ponga conciencia en ello, y se decida transformar la idea, no logramos sacar el tiempo…y bien a veces el que sobra, es para alimentar dramas, dormir, ver la tele, o tener muchas citas…

¿Como podemos fomentar éstas formas artesanales?

Juntándose entre varias mujeres y aprendiendo unas de otras, aprovechando encuentros de la Escuela de mujeres medicina para aprender o re aprender, en todos los talleres de mujeres que se pueda también fomentar las prácticas…y al igual que las matemáticas, también ésto trabaja las neuronas, y mucho!!

 

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Niqui Vives Nu – Kua *

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